Redacción Código Salud.
Bogotá
Durante años, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se ha asociado casi exclusivamente con niños inquietos o con dificultades para permanecer sentados en clase. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. Esta condición del neurodesarrollo también afecta la capacidad para concentrarse, organizar tareas, gestionar el tiempo, controlar las emociones y mantener un buen desempeño académico, laboral y social.
El desafío actual no solo consiste en identificar a quienes realmente viven con este trastorno, sino también en evitar diagnósticos erróneos que pueden conducir a tratamientos innecesarios o, por el contrario, dejar sin atención a personas que requieren acompañamiento especializado.
Una condición que cambia con la edad
El TDAH tiene origen en el desarrollo del cerebro y sus manifestaciones evolucionan a lo largo de la vida. En la infancia puede hacerse evidente por la hiperactividad y la impulsividad, mientras que en la adolescencia y la adultez suelen predominar las dificultades para mantener la atención, planificar actividades, establecer prioridades y regular las emociones.
Un estudio publicado en la revista Molecular Psychiatry estimó que en 2021 cerca de 46,9 millones de niños y jóvenes menores de 20 años vivían con TDAH en todo el mundo, una cifra equivalente a la población de países como Colombia o España.
Pese a su alta frecuencia, uno de los principales problemas sigue siendo el diagnóstico. En algunos casos se atribuye el trastorno únicamente a la hiperactividad, mientras que en otros se recurre a tratamientos farmacológicos sin una evaluación integral.
«Los manuales diagnósticos son fundamentales, especialmente cuando se complementan con evaluaciones neuropsicológicas y biológicas. En los niños suele asociarse la hiperactividad con el TDAH sin considerar otros aspectos del desarrollo. Con la maduración cerebral, muchas veces las principales manifestaciones pasan a ser la falta de atención y la desregulación emocional», Nicolás Garzón, profesor de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana.
Las consecuencias de no recibir un diagnóstico oportuno
Así como existe preocupación por el sobrediagnóstico, también hay miles de personas que nunca reciben una valoración adecuada. Esto puede afectar diferentes etapas de la vida.
Durante la infancia, el TDAH no identificado se relaciona con mayor riesgo de repetir años escolares y menor permanencia en el sistema educativo. En la juventud puede aumentar la deserción universitaria y, en la adultez, generar dificultades para conservar un empleo debido a problemas para organizar tareas, cumplir plazos y manejar las emociones en el entorno laboral.
Por ello, los médicos insisten en que el objetivo no debe ser aumentar el número de diagnósticos, sino mejorar su precisión. Una evaluación completa permite diferenciar los comportamientos propios del desarrollo de aquellos que corresponden a un trastorno del neurodesarrollo, facilitando tratamientos personalizados que pueden incluir intervenciones farmacológicas, psicológicas y estrategias de apoyo según las necesidades de cada persona.
Comprender que el TDAH no desaparece con la edad, sino que cambia su forma de manifestarse, es clave para ofrecer una atención oportuna y mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta condición.
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