Redacción Código Salud.
Bogotá.
Muchos hijos han vivido una escena similar: durante una reunión familiar, papá pide que le repitan una frase, sube un poco más el volumen del televisor o responde algo distinto a lo que le acaban de decir. A menudo se atribuye a la edad o a una distracción momentánea. Sin embargo, detrás de estas situaciones puede existir una pérdida auditiva que va más allá de afectar la comunicación y que incluso podría tener implicaciones para la salud cerebral.
En los últimos años, la comunidad científica ha prestado especial atención a la relación entre la audición y el deterioro cognitivo. Diversas investigaciones han encontrado que cuando una persona presenta dificultades para escuchar y no recibe atención oportuna, el cerebro debe realizar un esfuerzo adicional para interpretar sonidos, palabras y conversaciones, especialmente en entornos con ruido de fondo.
Ese sobreesfuerzo puede disminuir los recursos disponibles para otras funciones cognitivas relacionadas con la memoria, la atención y el procesamiento de información. De hecho, la Comisión Lancet sobre prevención de la demencia señala que intervenir factores de riesgo modificables, entre ellos la pérdida auditiva, podría contribuir a prevenir o retrasar hasta el 40 % de los casos de demencia a nivel mundial.
Más que escuchar: mantenerse conectado con el entorno
La pérdida auditiva no tratada también puede tener consecuencias en la vida social de las personas. Con frecuencia, quienes presentan dificultades para escuchar comienzan a evitar conversaciones, reuniones o actividades grupales debido al esfuerzo que implica participar en ellas.
Con el tiempo, este aislamiento puede afectar el bienestar emocional y limitar la interacción social, un factor que diferentes estudios han relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores.
Por esta razón, los médicos insisten en la importancia de identificar las señales de alerta de manera temprana. Dificultades para seguir conversaciones, necesidad de aumentar constantemente el volumen de dispositivos electrónicos o la sensación de que las personas «hablan entre dientes» pueden ser indicios de una alteración auditiva que merece valoración profesional.
¿Qué dice la ciencia sobre el envejecimiento del cerebro?
Uno de los estudios que más ha llamado la atención es COSMOS-Mind, un ensayo clínico aleatorizado que siguió durante tres años a más de 2.200 adultos mayores y evaluó el impacto de la suplementación diaria con multivitamínicos sobre distintas funciones cognitivas.
Los resultados mostraron asociaciones con mejoras en la cognición global, así como en áreas clave como la memoria y la función ejecutiva, relacionada con habilidades como planear, organizar y tomar decisiones.
Estos hallazgos sugieren un posible papel de la suplementación nutricional en el mantenimiento de ciertas funciones cognitivas a lo largo del tiempo, especialmente en una población que envejece progresivamente y que enfrenta nuevos retos asociados al deterioro cognitivo.
A estos resultados se suman los hallazgos del estudio COSMOS-Web, desarrollado con más de 3.500 participantes, en el que se evaluó el desempeño de la memoria mediante herramientas digitales. En este análisis, la suplementación con multivitamínicos también se asoció con mejoras significativas, con un efecto que los investigadores compararon aproximadamente con retrasar cerca de tres años el envejecimiento cognitivo.
En conjunto, estas investigaciones fortalecen una conversación que gana espacio dentro de la medicina preventiva: la nutrición, acompañada de suplementación adecuada cuando existe necesidad, podría desempeñar un papel no solo en el bienestar físico, sino también en la preservación de funciones cognitivas a medida que pasan los años.
Pequeñas acciones que pueden marcar una gran diferencia
Para Lorena Romero, audióloga y gerente comercial de GAES Colombia, cada vez existe una mayor comprensión sobre el vínculo entre la salud auditiva y la salud cerebral.
«Escuchar bien no solo mejora la comunicación y la calidad de vida. También ayuda a que las personas se mantengan activas, conectadas con su entorno y participando de las conversaciones y actividades que forman parte de su día a día», explica.
Los especiaistas recomiendan realizar chequeos auditivos periódicos, especialmente después de los 60 años; evitar la exposición prolongada a ruidos intensos; utilizar protección auditiva cuando sea necesario; mantener una vida social activa y consultar con un especialista ante cualquier cambio en la audición.
En el Mes del Padre, GAES recuerda que cuidar la audición es también una forma de cuidar la independencia, la conexión con los seres queridos y el bienestar integral. Porque escuchar los sonidos de la vida cotidiana no solo permite comunicarnos mejor: también ayuda a mantener el cerebro activo y conectado con el mundo que nos rodea.
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