Redacción Código Salud.
Bogotá.
La salud del cerebro no depende únicamente de la memoria o de la genética. Cada vez existe más evidencia de que las decisiones cotidianas relacionadas con la alimentación, la actividad física, el sueño y el control de enfermedades cardiovasculares también desempeñan un papel fundamental para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y de enfermedades como el Alzheimer.
Así lo explica el doctor Bryan Woodruff, neurólogo cognitivo de Mayo Clinic en Arizona, quien señala que el cerebro mantiene una estrecha relación con el sistema cardiovascular. «Lo que es bueno para la salud en general también es bueno para el cerebro», afirma.
Aunque la enfermedad de Alzheimer suele asociarse con la acumulación de proteínas anormales en el cerebro, como la beta amiloide y la proteína tau, los investigadores también han identificado otros factores que contribuyen al deterioro cognitivo. Entre ellos se encuentran alteraciones en los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro y pequeños accidentes cerebrovasculares silenciosos, conocidos como microinfartos, que con el tiempo pueden afectar funciones como la memoria, la concentración y la velocidad del pensamiento.
¿Qué hábitos ayudan a proteger la salud cerebral?
Los médicos coinciden en que muchas de las medidas que previenen enfermedades cardiovasculares también favorecen el funcionamiento del cerebro.
Entre las principales recomendaciones se encuentran controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol, evitar el consumo de tabaco y mantener un peso saludable.
La alimentación también desempeña un papel importante. Patrones como la dieta mediterránea, basada en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y grasas saludables, contribuyen a disminuir la inflamación y favorecen tanto la salud cardiovascular como la cerebral.
Dormir adecuadamente es otro aspecto esencial. Diversos estudios han relacionado el insomnio y la mala calidad del sueño con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, además de favorecer enfermedades como hipertensión y diabetes.
¿Por qué mantenerse activo física y mentalmente hace la diferencia?
La actividad física regular continúa siendo una de las herramientas más eficaces para preservar la función cerebral. De acuerdo con investigaciones recientes, las personas sedentarias presentan un riesgo significativamente mayor de desarrollar deterioro cognitivo.
A esto se suma la importancia de mantener la mente activa mediante la lectura, el aprendizaje de nuevas habilidades, los juegos de estrategia o cualquier actividad que represente un desafío intelectual.
«Cuando aprendemos algo nuevo, el cerebro crea nuevas conexiones entre las neuronas. Esa reserva cognitiva puede ofrecer una mayor protección frente a enfermedades neurodegenerativas», Dr. Woodruff.
Los expertos también recomiendan mantener una vida social activa, corregir oportunamente problemas de audición o visión y evitar el uso prolongado de medicamentos sedantes sin supervisión médica, ya que estos pueden afectar la memoria y otras funciones cognitivas.
Para el especialista, otro reto consiste en avanzar hacia un diagnóstico cada vez más temprano del deterioro cognitivo leve y de la enfermedad de Alzheimer, lo que permitirá ofrecer tratamientos oportunos a medida que la investigación continúe avanzando.
«Nunca es demasiado tarde para empezar a cuidar el cerebro. Los cambios saludables en el estilo de vida benefician a las personas en cualquier etapa de la vida», añade el Dr. Woodruff.
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