Redacción Código Salud.
Bogotá.
El crecimiento del cáncer en el mundo ya no es una proyección lejana: es una realidad que avanza más rápido que la capacidad de respuesta de muchos sistemas de salud.
De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS, los casos pasarán de cerca de 20 millones en 2022 a más de 35 millones en 2050. Un aumento que no solo presiona la atención especializada, sino que deja en evidencia un punto débil clave: el primer contacto del paciente con el sistema.
Ese fue el eje central del Primer Simposio de Atención Primaria del Paciente con Cáncer, liderado por la Liga Colombiana Contra el Cáncer, donde expertos coincidieron en algo incómodo, pero necesario: el problema no empieza en los hospitales de alta complejidad, empieza mucho antes.
El diagnóstico que no llega a tiempo
Entre 30 % y 50 % de los cánceres pueden tratarse con éxito si se detectan de forma temprana. Sin embargo, en la práctica, muchos diagnósticos siguen llegando tarde.
La razón no siempre es la falta de tecnología. Es, muchas veces, la falta de sospecha clínica.
“Un médico que no está formado para sospechar cáncer, no lo va a detectar a tiempo. Si el médico general no sabe reconocer una señal de alerta, el sistema falla antes de comenzar”, Édgar Pulido, director Médico de la Liga Colombiana Contra el Cáncer.
El dato que respalda esta preocupación es contundente: evaluaciones recientes en facultades de medicina del país muestran un promedio de 2,5 sobre 5 en conocimientos relacionados con cáncer. Es decir, la base del sistema ya está llegando con debilidades.
En ese contexto, síntomas que podrían encender alarmas tempranas terminan normalizándose, retrasando decisiones clave y reduciendo las posibilidades de tratamiento efectivo.
La atención primaria: el punto donde todo puede cambiar
Lo que ocurre en una consulta general puede definir el rumbo completo de un paciente.
Por eso, durante el simposio se insistió en fortalecer herramientas concretas dentro de la atención primaria:
- Implementación más rigurosa de estrategias de tamizaje.
- Promoción de la vacunación, como en el caso del VPH.
- Formación en señales de alerta y rutas de remisión.
- Integración de nutrición, genética y manejo del dolor en etapas tempranas.
Más allá del discurso, el mensaje es claro: sin un primer nivel fortalecido, cualquier avance en tratamientos pierde impacto.
También se abordaron retos específicos como la detección en población pediátrica y la necesidad de un acompañamiento integral que no se limite al diagnóstico, sino que contemple al paciente en todas sus dimensiones.
Lo que dejó este encuentro no fue solo una agenda académica, sino una advertencia directa. El cáncer está creciendo, pero también lo está haciendo la brecha entre detectarlo a tiempo y llegar tarde. Y en esa diferencia, la atención primaria ya no puede ser el eslabón más débil.
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