Redacción Código Salud.
Bogotá.
Cuando una persona atraviesa un tratamiento contra el cáncer, comer deja de ser algo automático. Lo que antes era rutina puede convertirse en un reto diario: el apetito cambia, los sabores se alteran y el cuerpo reacciona de formas inesperadas.
Aun así, la alimentación sigue siendo una pieza clave del proceso. No se trata de comer “perfecto”, sino de encontrar formas realistas de nutrirse mejor, incluso en los días difíciles.
Cuando el cuerpo cambia, la alimentación también
Es común que durante el tratamiento se presenten variaciones de peso. Algunas personas pierden masa muscular sin querer, mientras otras aumentan de peso por cambios hormonales o de hábitos. En ambos casos, lo importante es intentar mantener un equilibrio que permita sostener la energía y la resistencia.
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El apetito también puede volverse impredecible. Hay días en los que simplemente no dan ganas de comer. En esos momentos, funciona mejor optar por porciones pequeñas pero nutritivas: yogur, frutos secos, aguacate o preparaciones suaves que no generen rechazo. Tener snacks a la mano puede hacer la diferencia.
En cambio, si aparece el impulso de comer más por ansiedad o estrés, es útil elegir opciones más ligeras como frutas o verduras, y buscar otras formas de canalizar ese estado, como caminar o hablar con alguien cercano.
Estrategias simples que realmente ayudan
Las náuseas son uno de los efectos más frecuentes. Aquí, menos es más: comidas pequeñas varias veces al día suelen ser mejor toleradas que platos grandes. Alimentos suaves como sopas, arroz, tostadas o galletas saladas pueden aliviar la sensación. También ayuda no dejar el estómago completamente vacío y mantenerse hidratado en pequeñas cantidades a lo largo del día.
Otro cambio común es el sabor de los alimentos. Algunas personas sienten un gusto metálico o notan que todo sabe distinto. En esos casos, pequeños ajustes pueden mejorar la experiencia: agregar limón o especias, probar nuevas combinaciones o incluso cambiar los utensilios por opciones de plástico puede ayudar.
Cuando hay molestias al tragar o dolor en la boca, lo ideal es adaptar la textura. Purés, batidos, huevos suaves o alimentos fríos pueden ser más fáciles de consumir. Evitar lo muy ácido, picante o crujiente también reduce la incomodidad.
Los cambios digestivos, como diarrea o estreñimiento, requieren ajustes específicos. En la diarrea, conviene elegir alimentos blandos y mantenerse bien hidratado. Para el estreñimiento, el movimiento, la fibra y una buena ingesta de líquidos son aliados clave.
Al final, no hay una fórmula única. Cada cuerpo responde distinto y cada proceso es diferente. Por eso, el acompañamiento médico y nutricional es fundamental.
Como explica la nutricionista oncológica Grace Fjeldberg, del Sistema de Salud de Mayo Clinic, el equipo tratante es la mejor guía para entender qué está pasando en el cuerpo y cómo adaptar la alimentación en cada etapa.
Porque en medio del tratamiento, alimentarse bien no es solo una necesidad física. También es una forma de cuidado, de apoyo y de recuperación.
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