Redacción Código Salud.
Bogotá.
Durante años, el queso ha estado en el centro del debate nutricional. Para algunos, es un alimento que se debe limitar; para otros, un básico imposible de reemplazar. La realidad está en un punto medio: el queso no es ni bueno ni malo por sí solo, todo depende de cómo se consuma.
Más allá de su sabor y versatilidad, este alimento tiene un valor nutricional importante. Es fuente de proteínas de alta calidad, calcio y vitamina B12, nutrientes clave para la salud muscular, ósea y el funcionamiento del organismo.
“El queso no solo aporta sabor, también puede ser un aliado nutricional importante si se elige bien y se combina con otros grupos de alimentos como vegetales, cereales integrales y fuentes adicionales de proteína”, Clara Valderrama, nutricionista, integrante del consejo consultor de Herbalife.
El error más común: eliminarlo o consumirlo sin control
Uno de los errores más frecuentes es sacarlo completamente de la dieta o, por el contrario, consumirlo sin medida. Ninguno de los extremos es ideal.
El queso puede formar parte de una alimentación equilibrada, pero la clave está en las porciones y en el contexto en el que se consume. Algunos tipos pueden tener mayor contenido de grasa o sodio, por lo que es importante balancearlos con otros alimentos frescos y ricos en fibra.
Cómo incluirlo sin afectar su salud
Incorporar queso de forma inteligente no es complicado. Se trata de combinarlo con ingredientes que potencien su valor nutricional y mantengan el equilibrio del plato.
Por ejemplo:
- Un bowl con quinua, vegetales frescos, aguacate y queso fresco aporta proteína, fibra y grasas saludables.
- Un omelette de claras con espinaca y queso bajo en grasa es una opción práctica y ligera.
- Una arepa integral con vegetales asados y queso puede ser una comida completa y balanceada.
Estas combinaciones no solo mejoran el perfil nutricional, también ayudan a mantener la saciedad y evitar excesos.
Más que un ingrediente, una decisión diaria
El queso ha acompañado la alimentación humana durante siglos, y hoy sigue siendo parte de la cocina cotidiana. La diferencia está en cómo se integra a los hábitos actuales.
Consumirlo con moderación, elegir versiones más ligeras cuando sea necesario y combinarlo con alimentos frescos puede convertirlo en un aliado, no en un problema.
Porque al final, no se trata de eliminar alimentos, sino de aprender a usarlos mejor.
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