Redacción Código Salud.
Bogotá.
La adolescencia no es solo una etapa de cambios físicos. También es uno de los momentos más sensibles para la salud mental. De hecho, más del 30 % de los trastornos mentales comienzan en esta etapa, según la Organización Mundial de la Salud. Ansiedad, depresión y dificultades emocionales pueden aparecer en medio de transformaciones hormonales, sociales y personales que no siempre son fáciles de gestionar.
Hoy, además, hay nuevos factores que complejizan el panorama.
“Los adolescentes se ven impactados por el entorno digital, donde aparece la necesidad de validación y el riesgo de ciberacoso; también por la dinámica familiar y la presión social o académica, que puede generar baja tolerancia al fracaso”, Javier González, médico familiar de Compensar.
Señales que no se deben pasar por alto
No todo cambio de ánimo es motivo de alarma. Pero hay señales que, si se mantienen en el tiempo, merecen atención:
- Tristeza constante o irritabilidad.
- Aislamiento social.
- Cambios en el sueño o el apetito.
- Bajo rendimiento académico repentino.
- Pérdida de interés en actividades habituales.
- Comentarios negativos sobre sí mismo.
- Conductas de riesgo o autolesiones.
- Conflictos frecuentes en casa.
“Estas conductas no siempre indican un problema grave, pero si duran varias semanas o afectan la vida diaria, es importante buscar apoyo profesional”, advierte el especialista.
Hablar puede prevenir más de lo que parece
Uno de los factores más determinantes en esta etapa no es externo: está en casa. La calidad de la comunicación entre padres e hijos puede influir directamente en la aparición o prevención de síntomas de ansiedad y depresión, según estudios publicados en el Journal of Adolescent Health.
“Promover conversaciones abiertas permite que el adolescente se sienta validado, entienda sus emociones y tenga una red de apoyo. Hablar sin ser juzgado crea confianza y puede prevenir problemas mayores”, González.
Sin embargo, todavía persisten ideas que hacen daño:
- “Es una etapa, ya se le pasará”.
- “Buscar ayuda es señal de debilidad”.
- “Los jóvenes exageran”.
Estos mitos no solo minimizan el problema, también dificultan que los adolescentes pidan ayuda a tiempo.
Acompañar, más que reaccionar
En un entorno cada vez más exigente, la prevención empieza en lo cotidiano:
- Compartir tiempo de calidad.
- Escuchar sin juzgar.
- Fomentar rutinas saludables.
- Estar atentos a cambios de comportamiento.
Hablar de salud mental ya no es opcional. Es parte fundamental del bienestar de los jóvenes. Porque entender lo que les pasa… puede cambiar completamente su futuro.
