Redacción Código Salud – Bogotá.
Hablar de cáncer nunca es sencillo. No es solo una palabra médica ni una cifra en un informe. Es una llamada inesperada, una sala de espera silenciosa, una familia que aprende a respirar distinto. Es, para muchos, el momento en que la vida se parte en un antes y un después.
En Colombia, los diagnósticos siguen en aumento y miles de personas enfrentan cada año una realidad que desborda lo físico. Porque el cáncer no afecta únicamente al cuerpo, también sacude la mente, las emociones, la forma de ver el futuro. El miedo, la ansiedad y la incertidumbre se vuelven compañeros constantes, y no es raro que aparezcan síntomas de depresión o trastornos de adaptación durante el proceso. Detrás de cada tratamiento hay noches difíciles, preguntas sin respuesta y un desgaste emocional profundo.
"El abordaje integral del cáncer es clave porque reconoce que el tratamiento no termina en la intervención clínica, sino que busca atender a la persona en su totalidad. Cuando se integran de manera coordinada el cuidado psicosocial, la nutrición y el acompañamiento emocional, se fortalecen la adherencia terapéutica, la experiencia del paciente y su capacidad para afrontar cada etapa del proceso oncológico".
Dr. Juan Guillermo Restrepo Molina, hematoncólogo de la Fundación Valle de Lili. Compartir en X
Cuidadores y familias viven su propia batalla
Esta carga invisible no recae solo en quien recibe el diagnóstico. Los cuidadores y las familias también viven su propia batalla, muchas veces en silencio, intentando ser fuertes mientras gestionan el cansancio, el estrés y el temor a la pérdida.
Frente a este panorama, la medicina ha tenido que ampliar su mirada. Hoy resulta cada vez más claro que tratar el cáncer exige algo más que intervenciones clínicas. Requiere acompañar a la persona completa. Integrar el apoyo psicológico, el cuidado emocional, la nutrición, el manejo del dolor y el respaldo social no es un detalle adicional, sino una parte esencial del tratamiento. Cuando esto ocurre, los pacientes no solo enfrentan mejor la enfermedad, también mejoran su adherencia terapéutica, su calidad de vida y, en muchos casos, sus resultados clínicos.
Detrás de cada diagnóstico hay una historia
Ese es el espíritu de la oncología integral, un enfoque que busca que nadie atraviese este camino en soledad. Modelos de atención multidisciplinaria, como los que ya funcionan en instituciones de salud del país, demuestran que es posible ofrecer una experiencia más humana, coordinada y centrada en el paciente, donde la calidad de vida tenga tanto peso como la sobrevida.
Porque, al final, detrás de cada diagnóstico hay una historia. Y cada historia merece algo más que un tratamiento: Merece escucha, contención, dignidad y esperanza.
Las instituciones de salud en Colombia han avanzado en modelos de atención que buscan responder de manera más humana y coordinada a las necesidades de los pacientes. Un ejemplo de ello es la Unidad Funcional de Cáncer (UFCA) de la Fundación Valle del Lili, creada en 2017 con el objetivo de ofrecer un acompañamiento completo que haga más llevadero el proceso de atención oncológica. Mientras en 2017 la unidad atendió 10.602 pacientes, para 2025 esta cifra ascendió a 21.161, reflejando el fortalecimiento del programa y su impacto en la atención.
La UFCA reúne un equipo multidisciplinario de 22 profesionales que incluye oncólogos y hematólogos, especialistas en hematología pediátrica, y áreas de soporte como medicina general con enfoque en cuidado paliativo, trabajo social, nutrición, psicología oncológica, fonoaudiología y fisioterapia, además de servicios de radioterapia, medicina nuclear y cirugía especializada. Este modelo de atención permite coordinar y articular el diagnóstico, el tratamiento y el acompañamiento, facilitando la identificación oportuna de necesidades físicas, emocionales y sociales de los pacientes, y centralizando en un mismo espacio la atención.
