Obesidad: necesitamos dejar de normalizar una enfermedad

Obesidad: necesitamos dejar de normalizar una enfermedad

Obesidad y sobrepeso. Foto: Canva.
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Dra. Valentina Agredo Delgado

Especialista en Medicina Interna de la Universidad del Cauca y supraespecialista en Endocrinología Clínica y Metabolismo de la Universidad de Antioquia.

Durante muchos años crecimos con una idea que parecía inofensiva: un niño “gordito” era un niño saludable. En muchas familias, ofrecer más comida era incluso una manera de demostrar amor. Hoy sabemos que esa mirada necesita cambiar.

La obesidad es una enfermedad, y como tal necesita ser reconocida, evaluada y tratada. Sin embargo, todavía la hemos normalizado tanto que muchas personas pueden convivir durante años con ella sin buscar ayuda.

Cuando a un paciente le dicen que tiene diabetes o hipertensión, generalmente entiende que debe recibir atención. Pero pocas veces ocurre lo mismo cuando hablamos de obesidad. Incluso cuando esta puede estar relacionada con algunas de esas enfermedades.

Y el problema no está solamente en el peso.

La obesidad puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes, pero también puede afectar la salud mental, la autoestima y la funcionalidad. Hay personas para quienes caminar, subir escaleras o realizar actividades cotidianas se convierten en verdaderos desafíos.

A esto se suman el rechazo y los señalamientos. Por eso, necesitamos dejar de mirar a quien vive con obesidad desde el juicio y empezar a hacerlo desde la salud.

No existe una única fórmula

Si entendemos la obesidad como una enfermedad, también debemos entender que su manejo requiere un abordaje multidisciplinario.

Desde la endocrinología podemos evaluar al paciente desde el punto de vista metabólico y hormonal, identificar enfermedades asociadas, revisar posibles complicaciones y determinar si existen alternativas de tratamiento farmacológico cuando están indicadas.

Pero no estamos solos.

La salud mental es fundamental. Cada vez encontramos más personas cuya relación con la comida está vinculada con ansiedad, depresión o situaciones emocionales y sociales complejas. En estos casos, el acompañamiento de psicología o psiquiatría puede ser determinante.

También debemos aprender a formular la actividad física de manera individual.

No podemos decirle a una persona que nunca ha hecho ejercicio, que tiene obesidad y además presenta dolor de rodillas, que mañana salga a correr una media maratón. La actividad física debe comenzar de manera progresiva y segura, con orientación profesional cuando sea necesario.

Y está la alimentación. Tenemos que dejar atrás las dietas extremadamente restrictivas. Comer saludable no significa necesariamente comprar alimentos costosos o seguir una fórmula imposible de mantener. También debemos aprender a comer mejor con lo que tenemos disponible en nuestra propia canasta familiar.

La prevención empieza en la infancia

Hay algo que debería preocuparnos especialmente: nuestros niños y adolescentes.

Hoy tenemos más información sobre hábitos saludables, pero también estamos rodeados de alimentos ultraprocesados y de mensajes que muchas veces confunden.

¿Qué estamos poniendo en las loncheras de nuestros hijos? ¿Qué hábitos ven en casa? ¿Cuánto se mueven? ¿Qué relación estamos construyendo con la comida?

Un niño que aprende desde pequeño determinados hábitos puede tener mayores posibilidades de mantenerlos durante la vida adulta. Cuando somos grandes, muchas veces tenemos que desaprender conductas que llevamos décadas practicando.

Por eso, la prevención no puede comenzar cuando aparece la diabetes, la hipertensión o una complicación. Debe empezar mucho antes.

La obesidad es un desafío médico, pero también familiar y social. Necesitamos dejar de normalizarla, dejar de señalar a quienes la padecen y empezar a construir entornos donde alimentarse mejor, moverse y cuidar la salud mental sean posibilidades reales.

Porque si queremos adultos más saludables mañana, tenemos que empezar a cuidar a nuestros niños desde hoy.

* Durante el evento Vive Ligero connect by Novo Nordisk Colombia.