Andrés Botero B.
Editor Código Salud – Bogotá.
Dormir bien no es un lujo. Es una necesidad biológica que acompaña toda la vida, desde los primeros días hasta la adultez. Aun así, pocas situaciones generan tanta preocupación en casa como la sensación de que alguien no descansa lo suficiente. Padres inquietos, jóvenes trasnochados, adultos agotados. Una escena más común de lo que parece.
En consulta, una frase se repite con frecuencia: ‘Duermo mal’. Para la Dra. Constanza Ballesteros, somnóloga pediatra de Cayre IPS, este es uno de los motivos más habituales de atención. Su experiencia clínica le ha permitido ver un patrón claro: Gran parte de las alteraciones del sueño están relacionadas con algo tan básico como la higiene del sueño.
La higiene del sueño: El punto de partida
Hablar de higiene del sueño no implica reglas estrictas ni fórmulas complejas. Se trata, en esencia, de los hábitos y rutinas que el organismo necesita para lograr un descanso profundo y reparador. El cerebro funciona mejor cuando existe regularidad. El sueño, más que cantidad, exige orden.
Nuestro cuerpo opera bajo el ciclo circadiano, un reloj interno sincronizado con la luz del día. A medida que cae la noche, el organismo activa procesos hormonales que preparan al cerebro para dormir. Durante las primeras horas nocturnas se desarrollan funciones clave de recuperación física, regulación metabólica y consolidación de la memoria. No todas las horas de sueño tienen el mismo valor.
Por eso, el horario importa tanto. Un niño que se acuesta temprano y mantiene rutinas estables suele alcanzar un descanso de mejor calidad. Cuando el sueño se desplaza hacia la noche profunda, incluso si la duración parece suficiente, el organismo no se recupera de la misma manera.
Las recomendaciones son sencillas, pero poderosas:
• Mantener horarios regulares, incluso los fines de semana
• Evitar dispositivos electrónicos una o dos horas antes de dormir
• Incorporar actividades tranquilas, como la lectura
• Preferir cenas ligeras antes de acostarse
• Cuidar el ambiente: temperatura cómoda, poca luz, mínimo ruido
• Reducir estímulos como bebidas azucaradas o con cafeína en la tarde
Pequeños ajustes pueden generar cambios notables.
Cuando el problema va más allá: Señales de alerta
En la práctica clínica, la Dra. Ballesteros observa otra inquietud frecuente: las apneas del sueño en niños. Aunque suelen asociarse con adultos, también pueden presentarse desde la etapa neonatal hasta la adolescencia. Las causas varían según la edad.
En recién nacidos, pueden relacionarse con la inmadurez del sistema nervioso central. Más adelante, aparecen factores como la obstrucción de la vía aérea superior, muchas veces vinculada al crecimiento de amígdalas o adenoides. En algunos casos, estos cuadros se asocian con procesos alérgicos, bastante comunes en la infancia.
Cada situación requiere valoración médica. En ciertos pacientes, el manejo se centra en controlar condiciones respiratorias o inflamatorias. En otros, se consideran intervenciones específicas. Lo importante es no normalizar ronquidos persistentes, pausas respiratorias o somnolencia excesiva durante el día.
La adolescencia, por su parte, plantea un desafío distinto. Los cambios hormonales propios de esta etapa modifican los ritmos biológicos, aumentando la necesidad de sueño y desplazando naturalmente la hora de dormir. No es simple desorden. Es biología.
Aquí, el acompañamiento familiar resulta clave. Conversar, establecer límites saludables con la tecnología, retirar pantallas de la habitación. Dormir con estímulos constantes interfiere con la profundidad del descanso. Esta recomendación, en realidad, aplica para todas las edades.
Dormir bien no depende solo de cuánto tiempo se pasa en la cama. Depende de la calidad del entorno, la consistencia de los hábitos y la sincronía con los ritmos naturales del cuerpo.
La experiencia de Cayre IPS refuerza una idea fundamental: Muchos trastornos del sueño pueden mejorar significativamente cuando se reconstruyen rutinas básicas. A veces, el cambio comienza con decisiones simples que el organismo agradece de inmediato.
Porque dormir bien no es solo descansar. Es crecer, aprender, regular emociones y proteger la salud física y mental. Y en ese proceso, la orientación experta de la Dra. Constanza Ballesteros representa un respaldo valioso para pacientes y familias.
