Redacción Código Salud.
Bogotá.
En Colombia, cerca de 5.500 toneladas de residuos de pilas y acumuladores, equivalentes a unos 300 millones de pilas, han sido recuperadas durante los 15 años de operación de Pilas con el Ambiente, iniciativa que busca fortalecer la disposición adecuada de estos residuos y su aprovechamiento dentro de la economía circular.
El programa cuenta actualmente con más de 7.000 puntos de recolección en los 32 departamentos y más de 400 municipios, una infraestructura que permite que los ciudadanos entreguen las pilas usadas en lugares habilitados y eviten que terminen junto con los residuos convencionales.
“El principal resultado no es solamente cuánto hemos recuperado, sino la capacidad que construimos para que los colombianos sepan dónde entregar sus pilas y entiendan por qué deben hacerlo”, Alberto Ladino, director de Pilas con el Ambiente.
La cifra también permite dimensionar el volumen recuperado: si las pilas se organizaran en una sola columna, alcanzarían aproximadamente cuatro veces la altura de la Torre Colpatria.
¿Qué ocurre con una pila después de ser entregada?
El proceso no termina en el momento en que el ciudadano deposita la pila en un punto de recolección. Los residuos son transportados a plantas de gestores autorizados por las autoridades ambientales, donde se clasifican de acuerdo con su tecnología y reciben tratamientos especializados.
En las pilas alcalinas y zinc-carbón se pueden recuperar materiales como óxidos de zinc y manganeso y partículas metálicas. En las baterías de computadores, tabletas y celulares es posible recuperar materiales como litio, cobalto, níquel, acero, aluminio y plástico, algunos con posibilidades de reincorporarse a diferentes cadenas productivas.
Para avanzar en estas alternativas, la iniciativa asegura haber destinado más de $ 1.700 millones a investigación y desarrollo, buscando nuevas posibilidades para aprovechar los materiales recuperados.
¿Por qué la educación es clave para cambiar este hábito?
Uno de los principales retos sigue siendo evitar que las pilas usadas terminen en la basura convencional. Por eso, la educación ambiental se ha convertido en uno de los componentes del programa, especialmente en instituciones educativas. El objetivo es que niños, niñas y adolescentes conozcan qué hacer con estos residuos y puedan llevar ese conocimiento a sus hogares.
Una encuesta de Cifras y Conceptos realizada en 2019 encontró que 73 % de los consultados conocía los programas de recolección de pilas, según los datos entregados por la iniciativa.
El trabajo también ha tenido un componente social. Durante los últimos siete años, Pilas con el Ambiente señala haber apoyado a más de 2.000 niños, niñas y adolescentes de la Fundación SANAR, contribuyendo a cubrir gastos no atendidos por el sistema de salud.
¿Qué viene con las nuevas baterías?
La expansión de los dispositivos electrónicos y el crecimiento de la movilidad eléctrica están transformando el tipo de baterías que llegan al final de su vida útil. Por eso, uno de los próximos desafíos será avanzar en investigación y desarrollo relacionada con las tecnologías de movilidad eléctrica, aumentar la recuperación y facilitar el acceso de los ciudadanos a información sobre los puntos habilitados.
La iniciativa también proyecta herramientas digitales y un aplicativo para mejorar la comunicación con los usuarios.
“El consumo tecnológico está cambiando y con él también cambian los residuos que debemos gestionar”, concluye Ladino.
El desafío, entonces, no es solamente recoger más pilas. Es lograr que cada vez más ciudadanos sepan dónde entregarlas, por qué hacerlo y qué materiales pueden volver a tener una utilidad después de su primer ciclo de vida.
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Esta iniciativa ha evitado que cerca de 5.500 toneladas de estos residuos lleguen a rellenos sanitarios y cuenta con más de 7.000 puntos de recolección en el país.
