Apuestas en línea: El riesgo oculto para la salud mental

Apuestas en línea: El riesgo oculto para la salud mental

Por Andrés Botero Benavides.
Editor – Código Salud

El auge de las apuestas deportivas, los casinos virtuales y las plataformas de juego en línea ha transformado silenciosamente la relación de miles de personas con el riesgo, la recompensa y la emoción. Lo que comienza como entretenimiento puede, en ciertos casos, convertirse en una dinámica difícil de controlar.

Para entender qué ocurre detrás de la pantalla, Código Salud conversó con Ángela Trujillo, profesora investigadora de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de La Sabana, quien explica las claves psicológicas que están moldeando esta nueva realidad digital.

La mente detrás del clic

Según la experta, quienes participan en juegos de azar en línea suelen compartir ciertos rasgos: búsqueda de novedad, gusto por la adrenalina, impulsividad y baja tolerancia a la frustración. A esto se suma una percepción distorsionada del control: “Muchas personas sobreestiman su capacidad de influir en resultados que son completamente aleatorios”, señala Trujillo.

El juego digital, además, se convierte con frecuencia en una vía para regular emociones, escapar del estrés cotidiano o aliviar estados de ánimo bajos. Los diseños de las plataformas —con premios intermitentes, notificaciones constantes y recompensas visuales— refuerzan la conducta y mantienen al usuario conectado más tiempo del que planea inicialmente.

Digital vs. presencial: el riesgo invisible

Aunque los jugadores en línea y quienes asisten a espacios físicos de apuestas comparten características, el entorno digital presenta un factor diferencial: acceso permanente, anonimato y personalización extrema. “Las plataformas están disponibles 24/7, permiten depósitos instantáneos y ofrecen micro apuestas continuas, lo que favorece decisiones impulsivas”, explica la investigadora.

En contraste, el juego presencial suele estar limitado por horarios, espacios concretos y mayor visibilidad social. “El riesgo aumenta cuando la modalidad digital se combina con estrés, aislamiento o falta de regulación emocional”, advierte.

El cóctel emocional que atrapa

Tres motores principales impulsan el interés por estas plataformas:

  1. Búsqueda de emociones intensas

  2. Alivio emocional frente al estrés

  3. Expectativa de ganancia rápida

Estos factores se potencian con bonos de bienvenida, recompensas, publicidad segmentada, streamers y modelos sociales que normalizan la práctica. “En personas impulsivas o con dificultades para regular emociones, este cóctel incrementa el riesgo de uso problemático”, subraya Trujillo.

 

"Cuando el juego se integra al entretenimiento cotidiano, se reduce la percepción de riesgo".
Ángela Trujillo.
Profesora e investigadora U. La Sabana.

¿Estrategia o impulso?

Lejos de ser una conducta completamente irracional, el jugador digital oscila entre ambos extremos. “Muchos usuarios planifican, analizan estadísticas o diseñan estrategias, especialmente en apuestas deportivas o póker. Sin embargo, cuando aumenta la activación emocional —por pérdidas, notificaciones o fatiga— predominan decisiones rápidas e impulsivas”, explica la experta. El entorno digital, diseñado para inmediatez, inclina la balanza hacia respuestas emocionales.

 

 

La influencia social que normaliza el juego

El contexto cultural también cumple un papel decisivo. La presencia de casas de apuestas en transmisiones deportivas, redes sociales e influencers ha contribuido a normalizar el juego entre públicos cada vez más jóvenes. “Cuando el juego se integra al entretenimiento cotidiano, se reduce la percepción de riesgo”, indica Trujillo.

La conectividad permanente, las comunidades online, los pagos digitales y el marketing personalizado crean un ecosistema que favorece la permanencia y aumenta la exposición a conductas problemáticas.

Un desafío emergente para la salud mental

El crecimiento de las apuestas en línea plantea un reto silencioso: reconocer cuándo el entretenimiento cruza la línea hacia el riesgo psicológico. Comprender los mecanismos detrás de estas conductas es el primer paso para fomentar decisiones informadas, autocontrol y prevención.